El lunes pasado, 26 de noviembre, a mi mamá se le ocurrió ir a comprar al super. Me cambió de ropa, se arregló ella y salimos a la calle.
Al principio estaba contenta, aunque protestaba un poco. Mi mamá confió en que cuando saliera a la calle me iba a calmar.
¡Minga! (Pues no)
Digamos que cuando ya llevábamos recorridas unas tres cuadras empecé a llorar con todas las ganas. Miren si lloré que hasta me brotó de mi ojo izquierdo una lagrimita, MI PRIMER LAGRIMITA.
Mami me sacó del cochecito y pude sentir el vientito en la cara, el sol me cegaba los ojos y no me dejaba ver nada, con lo cual me calmaba un poco pero al rato volvía a dar el alarido desgarrador.
Como habré llorado que con mi mamá velozmente volvimos a casa. Cuando llegamos me dió de comer y después ya me quedé dormidita.
Cuando me desperté me encontré entre la góndola del queso y la del embutido, había muchas luces y música de fondo, pero como ya tenía mi pancita llena me quedé lo más pancha mirando el panorama.
Con la comida no se juega, si tengo hambre, tengo hambre y punto.
miércoles, 28 de noviembre de 2007
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